Un equipo de la Universidad de Bonn ha convertido células de la sangre de personas mayores en células madre neuronales, y por el camino esas células han «rejuvenecido»: las de un donante de 80 años acabaron con una edad biológica estimada de menos de 20. El trabajo, publicado en la revista Aging Cell, no es un tratamiento contra el envejecimiento, pero sí una herramienta nueva para estudiar algo que todavía se entiende mal: cómo se borra la huella que dejan los años en una célula.
Desde hace años se sabe que el ADN de nuestras células acumula marcas químicas con la edad, las metilaciones, y que su patrón es tan regular que permite calcular la edad de una persona con un margen de pocos años. A esa estimación se la llama reloj epigenético. También se sabe que se puede poner a cero: cuando una célula adulta se reprograma en el laboratorio para convertirla en una célula madre pluripotente, capaz de convertirse en casi cualquier tejido, su reloj vuelve a la edad embrionaria en unas tres semanas.
El grupo de Oliver Brüstle, director del Instituto de Neurobiología Reconstructiva del Hospital Universitario de Bonn, sigue otro camino, la conversión directa: transforma células precursoras de la sangre en células madre del sistema nervioso sin pasar por el estado pluripotente. En 2018 ya habían visto que así las células también rejuvenecían, con donantes de 31 a 62 años. Ahora lo han estudiado a fondo, con donantes de hasta 101 años, y lo que más les ha sorprendido es la lentitud del proceso. El artículo salió el 1 de octubre y la universidad lo anunció el 9.
Claves del estudio de Bonn
- Cómo lo hicieron: partieron de precursores de los glóbulos rojos, obtenidos de una muestra de sangre normal, y les añadieron dos genes, SOX2 y cMYC, con un virus modificado (de Sendai) que sirve de vehículo. En unos 12 días, las células ya mostraban marcadores de célula madre neuronal. Las líneas que obtuvieron se mantuvieron estables durante hasta seis meses de cultivo y pudieron convertirse en neuronas, astrocitos y oligodendrocitos, los tres tipos de células del cerebro.
- Quince donantes, de recién nacidos a 101 años: en todos, las células madre neuronales resultantes tenían, de media, una edad epigenética del 13 % de la edad real del donante poco después de crearse, y de menos del 5 % tras más tiempo en cultivo. Las de la persona de 80 años quedaron por debajo de 20 años, el caso que destaca la universidad.
- Un rejuvenecimiento lento: siguiendo día a día a tres donantes de entre 50 y 101 años, vieron que la mayoría de las marcas de la edad tardan unos 50 días en borrarse, frente a las tres semanas de la reprogramación clásica. La universidad lo resume como «tras 50 días, 60 años más jóvenes».
- No depende de que las células se dividan: esperaban que el reloj retrocediera porque las células se multiplican, pero siguió atrasándose igual cuando frenaron su división con sustancias químicas o cuando las obligaron a convertirse en neuronas, que ya no se dividen.
- Más allá del reloj: en células de donantes de 87 a 101 años no encontraron las señales típicas de las células viejas: ni alteraciones en la envoltura del núcleo, ni fallos en el reciclaje interno de la célula (la autofagia), ni mitocondrias deterioradas, ni marcas de senescencia. En eso se parecían a las células obtenidas por el camino clásico, que se consideran «nuevas».
Un laboratorio para entender el envejecimiento
La importancia del trabajo está justamente en esa lentitud. En la reprogramación clásica, el reloj se pone a cero tan deprisa que es difícil ver qué ocurre entre medias. Aquí el proceso dura semanas y se puede seguir durante más de cien días, así que se puede intervenir y medir qué lo acelera o lo frena. «Los relojes epigenéticos se atrasaron a lo largo de varias semanas, así que podemos estudiar qué factores aceleran o frenan el rejuvenecimiento», explica Brüstle en la nota de la universidad. El artículo apunta a un primer sospechoso: SOX2, el único gen que este método comparte con otro tipo de conversión en el que los autores también encontraron rejuvenecimiento al reanalizar datos publicados.
Hay además un interés práctico. «La edad es el factor de riesgo más importante de las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer», recuerda Brüstle. Disponer de células del sistema nervioso de una persona concreta, y poder elegir si conservan o no las marcas de su edad, ayudaría a estudiar cómo influye el envejecimiento en esas enfermedades.
Conviene no leer más de lo que dice. Los propios autores advierten de que la edad epigenética «sin duda no recoge la imagen completa» del envejecimiento, sobre todo en lo que se refiere a cómo funciona la célula. Lo que rejuvenece son células en una placa de laboratorio, que además dejan de ser células de la sangre para convertirse en otro tipo de célula; nada de esto se ha probado en personas, y el propio gen cMYC usado en la conversión se ha relacionado con el cáncer. El estudio, financiado por el programa Horizonte 2020 de la UE, la agencia alemana de investigación DFG y el ministerio federal de investigación alemán, es sobre todo una herramienta para entender el envejecimiento, no para revertirlo.
Más fuentes: nota de prensa de la Universidad de Bonn (9 de octubre de 2026, en alemán), de donde son las declaraciones; texto completo del artículo en Europe PMC. Imagen de portada: células madre neuronales obtenidas de la sangre de un donante de 101 años, AG Brüstle / Universität Bonn.
