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El James Webb capta una supernova del universo joven pocos días después de estallar

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Una supernova es la explosión con la que muere una estrella, y en el universo cercano se ven a cientos cada año. Ver una del universo joven es otra cosa: su luz llega tan débil y tan estirada hacia el infrarrojo que casi ningún telescopio puede captarla. El James Webb acaba de encontrar una que estalló cuando el universo tenía unos 1,150 millones de años, y lo ha hecho pocos días después de la explosión, que es justo cuando más cuenta sobre la estrella que murió.

Hasta hace poco, las supernovas más lejanas conocidas se contaban con los dedos. El telescopio Hubble, en un programa de unas 900 órbitas, solo encontró un puñado a la distancia de cuando el universo tenía unos 3,200 millones de años. El Webb, que observa en el infrarrojo, cambió eso: sus rastreos han reunido más de 200 candidatas, algunas en galaxias de cuando el universo tenía menos de 1,000 millones de años. Pero casi todas se vieron en una o dos ocasiones, y muy pocas en los primeros días tras la explosión.

La nueva se llama AT 2026abck. La encontró el programa NEXUS, un rastreo del Webb que fotografía la misma zona del cielo, cerca del polo norte de la eclíptica, cada dos meses. El 28 de mayo de 2026, en ese punto no había nada. El 7 de agosto apareció un punto nuevo en una galaxia lejana, al menos 3.6 veces más brillante que el límite de lo que se habría visto en mayo. El equipo, dirigido por Ming-Yang Zhuang, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, lo publicó el 29 de septiembre en arXiv, el repositorio donde los científicos comparten sus estudios antes de que los revise una revista.

Tres recortes de NIRCam en F200W del mismo punto: el 28 de mayo de 2026 no hay nada en la cruz, el 7 de agosto aparece un punto nuevo y en la resta de las dos imágenes solo queda ese punto, la supernova AT 2026abck
El mismo trozo de cielo con la cámara NIRCam del Webb (filtro F200W). La cruz marca el punto: el 28 de mayo no hay nada; el 7 de agosto aparece un punto oscuro (las imágenes están en negativo), y al restar una imagen de la otra solo queda lo nuevo, en rojo. Imagen: Ming-Yang Zhuang y otros, arXiv:2609.38373 (CC BY 4.0); recorte y rótulos: decodigo.com.

Para saber a qué distancia estaba, el equipo midió la galaxia en la que apareció. Su luz muestra las huellas del oxígeno y del hidrógeno desplazadas hacia el infrarrojo por la expansión del universo, y ese desplazamiento, el corrimiento al rojo, es de 5.017. Con la cosmología que usa el propio estudio, eso equivale a un universo de unos 1,150 millones de años, menos de una décima parte de su edad actual, y a una luz que ha viajado más de 12,000 millones de años hasta nosotros.

Claves del hallazgo

  • Sin ayuda de una lente. Según el equipo, es el primer fenómeno pasajero con un corrimiento al rojo de 5 o más detectado con claridad en una zona sin lente gravitacional. La única supernova confirmada a esa distancia, SN Eos (corrimiento al rojo 5.133), se vio porque un cúmulo de galaxias que había por delante la ampliaba entre 26 y 30 veces.
  • Vista recién estallada. Combinando la fecha en que aún no se veía, su tamaño y su temperatura, el equipo calcula que el Webb la captó entre 4 y 10 días después de la explosión, contados en el tiempo de la propia galaxia.
  • Muy caliente y muy brillante. Su superficie visible está a unos 17,000 grados, mide unas 46 veces la distancia de la Tierra al Sol y emite unos 3 × 1043 ergios por segundo, el brillo de unos 8,000 millones de soles.
  • Más de lo normal. En una muestra de 34 supernovas cercanas del tipo más común (tipo II), ninguna seguía por encima de 15,000 grados pasados unos 6 días, y ninguna alcanzaba ese brillo a partir del cuarto día.
  • Fuera del centro de su galaxia. Está entre las dos partes de la galaxia, a unos 3,600 años luz de la más brillante. Eso descarta que sea un agujero negro central tragándose una estrella o cambiando de brillo.
  • Todavía sin espectro. El equipo solo tiene fotografías en varios filtros. Por eso la llama «fenómeno pasajero» (AT) y no supernova (SN): para confirmarlo hace falta descomponer su luz con el espectrógrafo NIRSpec.
Imagen en falso color de NIRCam alrededor de AT 2026abck: la galaxia anfitriona en el centro, con una cruz en la supernova y la etiqueta z = 5.017, dentro de un círculo de 3 segundos de arco, y otras galaxias más cercanas con sus corrimientos al rojo
El entorno de AT 2026abck en falso color, combinando tres filtros de NIRCam (F115W, F200W y F356W). La cruz marca la explosión, en una galaxia de corrimiento al rojo 5.017 (zspec, medido con espectro); las demás galaxias del recorte están mucho más cerca, con corrimientos al rojo de 0.11 a 1.40 (zphot, estimados por su color). El círculo tiene un radio de 3 segundos de arco. Imagen: Ming-Yang Zhuang y otros, arXiv:2609.38373 (CC BY 4.0).

La galaxia anfitriona tampoco es una cualquiera. Tiene unos 6,000 millones de veces la masa del Sol en estrellas, pocos metales (un 30 % de lo que tiene el Sol) y forma entre 14 y 21 soles nuevos al año: una galaxia normal para su época, en plena formación de estrellas. La de SN Eos, en cambio, es unas 2,000 veces menos masiva. Para el equipo, eso muestra que las supernovas de esa época aparecen en galaxias muy distintas.

Lo que puede contar una explosión tan temprana

Los primeros días de una supernova son los que más dicen sobre la estrella que murió. En ese momento, la luz viene de las capas externas de la estrella recién calentadas por la onda de choque y, muchas veces, del gas que la estrella había expulsado poco antes de morir. Medirlos permite estimar el tamaño de la estrella y cuánta materia perdía en sus últimos años. Que AT 2026abck esté más caliente y brille más de lo normal apunta a una de estas dos cosas: una estrella con una envoltura muy extensa o una explosión que choca contra una nube densa de gas que la rodeaba.

El equipo no descarta una tercera posibilidad: una supernova superluminosa, un tipo raro y mucho más brillante, captada mientras todavía subía. Las próximas observaciones lo decidirán. Si es una supernova de tipo II, se apagará deprisa en el ultravioleta y su luz visible se quedará estable durante unos 100 días de la galaxia. Si es superluminosa, seguirá subiendo en todos los filtros.

Por qué 100 días allí son 600 aquí. La expansión del universo no solo estira la luz: también estira el tiempo. Con un corrimiento al rojo de 5.017, todo lo que pasa en esa galaxia se ve aquí a cámara lenta, 6.017 veces más despacio. Los 71 días que pasaron entre las dos fotos del Webb fueron allí unos 11.8 días, y una meseta de 100 días se verá desde la Tierra durante unos 600.

El interés va más allá de esta estrella. Las supernovas de las estrellas masivas solo ocurren donde se forman estrellas, así que contarlas a distintas edades del universo es una forma de medir cuántas estrellas nacían en cada época sin depender de otras estimaciones. Y las estrellas del universo joven, con menos metales y en galaxias más revueltas, pudieron vivir y morir de forma distinta a las de hoy. Para estudiarlo hacen falta muchas supernovas lejanas vistas temprano, y esta demuestra que se puede: no hizo falta una exposición especialmente profunda, sino volver al mismo sitio con frecuencia.

NEXUS seguirá fotografiando la misma zona cada dos meses hasta principios de 2028, así que es probable que AT 2026abck no sea la última. Por ahora es un único punto de luz, sin espectro y pendiente de revisión, pero es la primera vez que se ve una explosión tan lejana tan pronto y sin ninguna lente que la amplifique.

Estudio: Ming-Yang Zhuang, Yue Shen y otros, «NEXUS: Discovery of a Luminous Young Transient at z = 5», arXiv:2609.38373, 29 de septiembre de 2026 (todavía sin revisión por pares). Contado también por phys.org. La edad del universo y el tiempo de viaje de la luz están calculados con la cosmología del estudio, y la equivalencia en soles con la luminosidad que da el estudio. Las tres imágenes salen de las figuras 1 y 4 del estudio, publicadas con licencia CC BY 4.0.

Fuente: Zhuang y otros, «NEXUS: Discovery of a Luminous Young Transient at z = 5» (arXiv)