Fecha: 23 de septiembre de 2026
Fuente: Anthropic
CRISPR comenzó como un patrón de repeticiones de ADN observado en bacterias en 1987. Décadas después, los investigadores descubrieron que forma parte de un sistema de defensa microbiana; en 2012, CRISPR-Cas9 se presentó como una herramienta programable para editar ADN. Reseña histórica de la revista Journal of Bacteriology
El anuncio de Anthropic describe otro tipo de hallazgo: un sistema asociado a transcriptasas inversas, enzimas que copian ARN en ADN. Claude detectó un patrón de secuencias repetidas junto a una de estas enzimas en virus que infectan bacterias. El equipo lo llamó ART (array-associated reverse transcriptases). Su parecido con CRISPR está en la organización de las repeticiones y en que estas parecen producir ARN cortos; todavía no se ha demostrado que ART funcione como herramienta de edición genética.
Anthropic formó un grupo de investigación en biología para explorar si modelos de IA podían ayudar a descubrir sistemas biológicos en grandes bases de datos genéticas. En uno de sus primeros proyectos, agentes de Claude analizaron más de 200.000 transcriptasas inversas y seleccionaron candidatos para revisión. Tras el análisis computacional, científicos examinaron uno de ellos y realizaron pruebas de laboratorio. El equipo reporta un sistema antes no caracterizado, pero señala que aún desconoce su función. Anuncio y descripción del trabajo
Características principales
- Sistema identificado: ART, compuesto por una transcriptasa inversa, un gen asociado y una serie de repeticiones de ADN.
- Dónde se encontró: principalmente en bacteriófagos, virus que infectan bacterias.
- Cómo se detectó: Claude buscó patrones en secuencias genéticas y propuso candidatos; especialistas revisaron y probaron uno en el laboratorio.
- Escala del análisis: según Anthropic, unos 950 agentes trabajaron durante 21 horas, usando cerca de 210 millones de tokens.
- Primer indicio experimental: las repeticiones parecen expresarse como varios ARN cortos.
- Lo que falta saber: la función de ART y si puede tener aplicaciones biotecnológicas.
El resultado apunta a una posible nueva forma de usar IA en biología: rastrear enormes colecciones de datos, reconocer patrones poco evidentes y sugerir qué vale la pena probar en el laboratorio. Si investigaciones posteriores determinan que ART tiene una función programable, podría abrir una nueva línea de herramientas moleculares, como ocurrió con algunos sistemas CRISPR. Esa posibilidad es todavía especulativa: el anuncio presenta resultados iniciales y la función de ART sigue sin aclararse.
La noticia más sólida por ahora es el hallazgo de un sistema biológico que había pasado inadvertido y la demostración de que Claude pudo contribuir a detectarlo. Su importancia futura dependerá de que otros experimentos confirmen qué hace ART y si esa función puede aprovecharse.